Cooperativas de Viviendas de Propietarios

Juntos forjamos presente, construimos futuro

Era necesario? Por Sergio Requel

Finalmente el llamado del Presidente de la Agencia Nacional de Vivienda llegó. Se hizo esperar casi cinco años, pero recordó el compromiso que había asumido en aquella reunión del 31 de diciembre de 2013 que mantuvo con COVIPRO cuando era Ministro. O al menos eso creímos al principio: que el Arq. Beltrame se había sensibilizado ante la problemática de más de 2.000 familias cooperativas y estaba dispuesto a reanudar el diálogo y la negociación, horas antes de realizarse una movilización conjunta con FECOVISI PVS.

 

Sin embargo, nos equivocamos una vez más con las expectativas. El jerarca de la ANV tomó el teléfono (tuvo la delicadeza, hay que reconocerlo) para informar que enviaría un telegrama invitándonos a presentar testimonio sobre la denuncia que realizó una cooperativa del PVS y que constaba en el volante de convocatoria a la movilización.

 

La verdad sea dicha, no tuve el gusto de dialogar con él, ya que en esos momentos no me encontraba en las oficinas de la Federación. Me quedará la duda de cuál fue su tono de voz del momento, la impronta que le dio a la noticia que nos comunicaba.

 

Más allá de la anécdota hay cosas que resultan incomprensibles. No soy quién para poner en duda las condiciones o cualidades profesionales y/o personales de nadie. De hecho, considero que si ocupan el lugar que le han designado es porque le sobrarán los méritos para desempeñar la tarea. Ello no implica que me impida opinar desde lo político en el sentido más amplio de la palabra. Y es ahí donde infiero que la capacidad intelectual, profesional, puede divorciarse con facilidad de la altura, la inteligencia que debiera tener un dirigente, alguien con la aptitud política necesaria para gestionar conflictos. No son sinónimos una capacidad y otra; en ocasiones quedan expuestas de tal forma que es difícil conciliarlas en una persona.

 

Lo que hizo el Arq. Francisco Beltrame, a mi entender, fue de una torpeza política inquietante. El envío de telegramas a las Federaciones, aferrándose a una denuncia de un volante e ignorando catorce puntos más de reclamos, a pocas horas de realizarse una movilización, sugiere ser una actitud intimidatoria, extorsiva, amenazante. No por el texto en sí, que preserva las buenas costumbres y el tono, sino por el momento en que se hace. Y si esa no era su intención, el envío de las mencionadas líneas fue, por lo menos, un acto inoportuno, anacrónico, de inmadurez jerárquica. Porque si existía una voluntad real de dialogar y recibir las denuncias que surgían de la cooperativa, lo más sencillo era, tal vez, -y me disculpo desde ya por sugerir algo al establishment gobernante- recibir una delegación el mismo día de la movilización y calmar las aguas. Quizás eso se llama sentido común, algo del que carecen muchos individuos que ocupan cargos políticos nacionales. Si en ellos, precisamente por su investidura, recae la responsabilidad de tener una visión amplia para gobernar (con todo lo que ello implica), de atender demandas sectoriales, particulares, y buscarles los caminos para que se encaucen y puedan debatirse, la opción que se tomó no alienta en absoluto esta alternativa. Como dijo el jerarca en una entrevista televisiva, aludiéndonos, “es cobrar al grito“ y tal vez lo malinterpretamos, porque estaba haciéndose un autorreportaje.  

 

Pero el Presidente de la ANV tenía guardada otra sorpresa, quizás más reveladora, rayana con la grosería incluso. El día antes de la concentración elaboró el borrador de pomposo título “Protocolo de Seguridad para manifestaciones“ donde se determinaban los pasos a seguir por la Institución según distintos escenarios. Los manifestantes, según el escrito, quedábamos bastante mal parados: leyéndolo no queda muy claro si se refiere a nosotros, los cooperativistas, o a un grupo de asalto que se haría con el Tesoro de la ANV, el cual fue cerrado durante el acto. Desconcierta el trabajo que se tomó y esa animosidad -para nada oculta según su proceder desde hace largo rato- contra la gente organizada y reclamando. Aunque parezca innecesario, obvio diría, vale la pena recordarle al Arq. Beltrame que quienes concurrieron el día 23 a las puertas de la ANV eran trabajadores, jubilados, desempleados, amas de casa, niños y adolescentes, familias que aspiran a mantener o acceder a sus viviendas. No son delincuentes, Sr. Presidente. Hubo un tiempo histórico en el cual sí fueron considerados como tales cuando se organizaban. Costó carísimo y muchos quedaron en el camino. El documento. que escribió, lamentablemente, tiene la impronta, el deja vù discursivo de épocas pasadas.    

 

Sin embargo, hay otra cosa relevante en el Protocolo que no alude a la prevención o represión, según la atmósfera eventual de la movilización. En uno de sus puntos se destaca lo previsible: el Presidente de la ANV no está dispuesto a discutir, a dar la cara y decirle frontalmente a los cooperativistas lo que expresa en público. Delega en intermediarios un eventual “recibimiento“ a sabiendas de que no podrán definir nada porque carecen de la potestad para la toma de decisiones políticas. Los elije para “escuchar“ las demandas de los movilizados. Y mientras afirmaba en la prensa que no le constaba ninguna solicitud de entrevista en los últimos tiempos pero que estaba dispuesto a recibirnos, ya había tomado la decisión de no hacerlo veinticuatro horas antes.     

 

Atrás quedó el tiempo, como afirmó en aquella reunión del 2013 ante varios integrantes de COVIPRO, donde él “personalmente“ asumiría toda la negociación porque, según sus palabras, le gustaba “involucrarse“. Qué ha sucedido en estos cinco años es una incógnita, pero no se necesita ser muy avieso como para comprobar que mintió.

 

Detrás de todo esto se esconden profundas discrepancias que mantenemos con el Presidente de la ANV matizadas siempre por la negativa al diálogo. Esto termina por acaparar la atención y evita profundizar en lo importante verdaderamente.

 

Por ejemplo, el Arq. Beltrame defiende los remates como medidas “correctivas“, estimulando algo que sucederá en algún momento: que los mismos que estafaron al Estado hace unas décadas atrás inviertan ahora comprando las mismas unidades sobrevaluadas, a menos de la mitad del precio de la hipoteca, para volcarlas al mercado, obteniendo una doble ganancia. Nosotros seguimos pensando que hay que buscar soluciones de pagos justos, donde nadie pierda el esfuerzo de años y que el colectivo asuma esa responsabilidad, anulando cualquier intento de lucro con la vivienda social.

 

Por otro lado, el Presidente de la ANV es afín a las intimaciones cuyos resultados son transitorios: la gente se presenta, firma cualquier cosa para no perder el techo, y pocos meses después ya no puede cumplir con el compromiso de pago. Nosotros reivindicamos los acuerdos colectivos, equilibrados, y no nos gusta asustar viejitas con papeles donde figuran deudas para dos vidas más. Esa responsabilidad social no la compartimos y nos causa un profundo rechazo. 

 

Por último, es notorio que el Arq. Beltrame pretende disolver este sistema cooperativo, basado en la premisa de que nunca fueron cooperativas en los hechos, proponiéndoles novar a cada socio y asumir la hipoteca a su nombre. La lectura del acuerdo 2008 (quizás por ello afirmó en la prensa que tiene distintas interpretaciones) establece, en su contexto, exactamente lo contrario: busca recomponer, en lo posible, un sistema pervertido desde sus inicios donde el Estado (no este gobierno) fue responsable directo del descalabro, causando enormes perjuicios sociales. La novación, la extinción de la cooperativa, le permite, en consonancia con su pensamiento, tener a merced a miles de hipotecas individuales para someterlos, haciendo desaparecer cualquier intento de solución colectiva. Ahí está el ejemplo más claro que son los deudores en UR del BHU y la ANV, a los cuales es normal que les llegue ejecuciones cotidianas. Nosotros seguiremos defendiendo el sistema cooperativo, con sus errores, defectos y limitaciones, pero convencidos que es el camino que elegimos para enfrentar una estafa que lleva años sin que nadie nos dé respuestas serias, claras, precisas.

 

Como se verá no es poco lo que nos aleja conceptualmente. Nosotros creemos en lo agrupado, asociado, colectivo; el Presidente de la ANV nos quiere dispersos para que su visión (poco innovadora) pueda aplicarse sin obstáculos corporativos.

 

Más temprano que tarde estas políticas tendrán resultados tan nefastos como los del BHU en su momento. Habrá que reestructurar las deudas porque sino necesitaremos tres generaciones para pagar una vivienda. En tanto esto no sucede, el Arq. Beltrame pretende apuntalar el marco de la puerta mientras la casa se cae. Y una vez que se produzca el derrumbe, y si la puerta sobrevivió en pie, para atravesarla de todas formas habrá que retirar montañas de escombros. A nosotros nos tocará la tarea de reconstruirla. Prevaleceremos y seremos, sin dudas, quienes estemos en ese momento como organización social. El hoy Presidente de la ANV, seguramente, eludirá su responsabilidad en las consecuencias y mirará desde un sitio diferente ese trabajo.

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