Cooperativas de Viviendas de Propietarios

Juntos forjamos presente, construimos futuro

A 10 años del Acuerdo COVIPRO-MVOTMA

La lucha continúa

 

Tal vez el 10 de octubre sea una fecha cualquiera para muchos. Sin embargo, y especialmente el día de hoy, no nos pasa desapercibido a miles de familias que fuimos parte de una negociación inédita y que culminó con la firma de un acuerdo histórico. En él, por primera vez, se reconocía al sistema cooperativo de propietarios en igualdad de condiciones con el de usuarios en tasa de interés y subsidios, obligando además a un funcionamiento colectivo acorde al reclamo que se realizaba. Hace 10 años esta organización cerraba una etapa de las más ricas en contenido, participación y movilización.

 

Detrás quedaban miles de asambleas (literalmente), cientos de Plenarios de Delegados -que fueron la Dirección de hecho de COVIPRO-, movilizaciones, ocupaciones del BHU, vigilias, actos callejeros, Asambleas Generales, recolecciones de firmas, resistencia a las intimaciones con marchas numerosas y sistematizadas, coordinaciones con las otras Federaciones y tantas actividades más que la memoria nos va nublando con el paso del tiempo. No fue ninguna dádiva aquel acuerdo: fue el resultado de una lucha planificada y organizada durante siete años donde miles de familias cooperativistas respondieron con su compromiso. A ellos, en especial, a los que están y a los que ya no, va este reconocimiento escrito una década después. 

 

Ahora bien, el documento suscripto entre las partes daba un marco de solución inmediata (la rebaja de la cuota en un 40% promedio más subsidios a la permanencia) pero incorporaba un tema a tratarse en el futuro. Ese ítem no era menor y formaba parte de la bisagra para alcanzar una solución abarcativa: la revisión de los saldos iniciales. El sistema había sido la caja de pandora de un grupo de empresarios mafiosos y de cómplices políticos y administrativos enquistados en el Estado que hicieron volar por los aires el valor de las viviendas, puesto que no existía contralores ni mecanismos de evaluación. El resultado fue un verdadero desastre: viviendas sociales a valores de countries privados donde el damnificado terminó siendo el usuario. Es un verso el de la complicidad de los socios cooperativistas, tan en boga de jerarcas pasados y actuales. No existieron nunca, porque esas cooperativas fueron construidas con padrones sociales integrados por testaferros de los que estaban en el negocio. Una vez construida la vivienda, la vendían como una propiedad horizontal cualquiera y quienes debían controlar, vigilar que eso no sucediera, miraban para otro lado e, incluso, lo promovían. He aquí el porqué hasta hoy, para muchos, existe una cierta impunidad en el manejo de los precios de las cesiones de derechos, algo inválido por otra parte y que hemos combatido en la medida de nuestras posibilidades.

 

Hasta el 2012, al menos, el tema estuvo sobre la mesa y se propusieron opciones. La Administración del momento tuvo un ida y vuelta fluido, con puertas abiertas al diálogo pero acotada en soluciones. Esas mismas limitaciones, suponemos al fin, la llevaron a interrumpir los espacios de negociación, aferrándose a hechos o argumentos poco sólidos. Tratándose de gobernantes que deben tener el aplomo para saber que los procesos de negociación tienen altibajos, creo que no estuvieron a la altura de lo que la masa social de las cooperativas esperaba de ellos.

 

Quizás por la continuidad de muchos de aquellos jerarcas o de la organización política que representan al frente de los organismos involucrados, hasta la fecha existe una negación directa al diálogo. Con ello lo único que se consigue es desconocer lo organizado, que en el error o en el acierto, somos quienes hemos propuesto distintas salidas a la situación actual. La Ministra Eneida de León, el Arquitecto Beltrame e incluso el Arquitecto Schelotto, deberían dar señales claras de que están dispuestos a discutir, a confrontar ideas, e instalar una mesa de negociación en procura de la mejor solución para las partes. No es nada excepcional lo que se solicita y alcanzaría con espiar en cada escritorio las varias notas de solicitud de entrevista que hemos realizado. Tal vez sea un buen momento para retomar la senda de diálogo, sin prejuicios ni vanidades de ambos lados.

 

Es por eso que cumpliéndose hoy los diez años de la firma del acuerdo, reafirmamos el compromiso de una Federación dispuesta al intercambio, a la búsqueda de una solución pragmática para el momento que atravesamos. A eso no renunciaremos así como tampoco a una reivindicación histórica, que el propio convenio reconocía: pagar lo justo, por la vivienda que tenemos. Dentro de ese marco cualquier intento o búsqueda de acuerdo es válido.   

 

Las cooperativas del Fideicomiso 1 están dispuestas a encontrar esa salida. De hecho se están reorganizando desde un plano innovador, abierto y horizontal, planteándose temas estructurales que deberán afrontar y elaborando una propuesta que, creemos, contempla e incorpora el acuerdo 2008 en toda su dimensión. Así como demandamos pagar lo justo, donde el Estado tendrá que asumir otro tipo de subsidios, también seremos inflexibles con cualquier intento de lucro disfrazado por los usuarios. Reivindicamos soluciones cooperativas; funcionamos y actuamos como tales. Ahí está el desafío inmediato que el grupo de trabajo emanado del Plenario ha tomado.

 

Con el paso de estos años la Federación ha cambiado sustancialmente su matriz. Ahí están los cientos de compañeros que hemos organizado para acceder a su vivienda y, por otro, los miles que defienden la permanencia. La lucha llevada adelante por éstos debe ser el legado que le dejemos a las nuevas generaciones de cooperativas que impulsamos. La lucha de hoy, el acceso, es la misma que tendrán mañana: permanecer y defender el techo que construyeron, pagando lo justo y acorde a sus posibilidades. 

 

Y así, de esa forma, serán ellos luego, en un futuro no tan lejano, los que les transmitirán a las otras generaciones, las que vendrán con los años, la historia misma que hemos construido entre todos, con los fracasos inevitables pero también con los éxitos trabajosos de la pelea día a día a la que nos hemos comprometido. 

 

Si es cierto lo que decía el Ché, que la única lucha que se pierde es la que se abandona, lo que podemos agregar es que seguimos en pie, y que más temprano que tarde arribaremos a la solución que anhelamos, y con la cual hemos sido coherentes desde el primer día, ignorados o no por los gobernantes de turno. Y porque sabemos que estamos condenados a permanecer, a renovarnos, a seguir adelante, porque otros antes que nosotros nos dejaron el mandato de que la bandera siga flameando.

 

Diez años después, la lucha continúa.

 

(En memoria de Washington Cabrera con quien compartí noches enteras de insomnio intercambiando los borradores del acuerdo y estudiando cada palabra para encontrarle el sentido y la definición adecuada)

 

 

Sergio Requel

        

 

   

   

 

 

 

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